Las mujeres jornaleras agrícolas son uno de los grupos más golpeados por la precariedad laboral, la pobreza y la violencia. Es importante mirar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran para, de esta manera, generar estrategias colectivas que ayuden a mejorar sus condiciones de trabajo y de vida. Por eso, te presentamos 9 datos que son importantes para tomar en cuenta al pensar en las diferentes problemáticas a las que se enfrentan las trabajadoras del campo: 

1.- De acuerdo con la doctora Adriana Sandoval Moreno, investigadora en la Unidad Académica de Estudios Regionales (UAER) de la UNAM, las mujeres que radican en zonas rurales han sido diferenciadas de los hombres y de quienes viven en zonas urbanizadas, excluyéndolas de diversos derechos y oportunidades. 

2.- Según datos de ONU Mujeres, se estima que en nuestro país hay aproximadamente 323 mil mujeres trabajadoras agrícolas, de ellas, el 58% laboran sin pago; el 21% son jornaleras o peonas; y, en cuanto a la posesión de la tierra, una cifra muy baja es posesionaria (27%) o ejidataria (21%).

3.- Las estadísticas acerca de las mujeres jornaleras son muy inciertas. El Centro de Derechos Humanos de la Montaña señala que llevar un registro es complicado, no solo por la ausencia de organismos y censos específicos para atender a trabajadoras agrícolas, sino también por sus condiciones de tránsito y movilidad como personas migrantes.

4.- Además de su trabajo en el campo, las mujeres jornaleras absorben las labores domésticas y de cuidados en sus hogares, lo cual implica una carga mayor de trabajo no remunerado y, comúnmente invisibilizado. 

5- Los derechos de maternidad no son respetados. Para las mujeres jornaleras, la maternidad implica enfrentarse a riesgos como plaguicidas, herbicidas o fertilizantes, así como a las altas temperaturas que se experimentan en los campos a cielo abierto o en invernaderos. Asimismo, no cuentan con permisos de maternidad remunerados.

6.- Las mujeres trabajadoras agrícolas no ganan lo mismo que los hombres por el mismo trabajo, a causa de estereotipos de género que miran sus labores como actividades de apoyo para sus maridos. 

7.- De acuerdo con el Centro de Estudios en Cooperación Internacional y Gestión Pública (Cecig), son sometidas a acoso durante la jornada laboral y tienen dobles o triples jornadas debido a los trabajos de cuidado que realizan. Estas violaciones las vulneran como personas y como mujeres, las colocan en desventaja en la competencia laboral y profundizan sus condiciones de pobreza y marginación.

8.- También el Cecig señala que ellas atraviesan situaciones de explotación severa, como jornadas laborales de hasta 13 horas, con un salario que ronda entre los 100 y 250 pesos por día (en algunos campos agrícolas les pagan menos). 

9.- El 93% de las mujeres trabajadoras agrícolas carece de contrato, el 90% no tiene acceso a la salud por parte de su patrón y el 8% no cuenta con prestaciones laborales. 

Desde PERIPLO proponemos crear espacios donde las personas conozcan estos datos para que se unan a la exigencia de derechos. Sin embargo, es importante impulsar asesorías y acompañamiento al sector privado para que también se sumen a los más altos estándares en contratación ética.

Consideramos de gran importancia impulsar espacios de diálogo multiactor para facilitar diagnósticos colectivos que permitan incidir en la normativa y acortar las brechas de confianza entre el sector público, privado y social. Siempre tomando en cuenta que las mujeres jornaleras son lo más importante en los intercambios de saberes y estrategias: ellas deben ir al centro.